Vacunación contra el sarampión: por qué sí importa (y mucho)
Ayer el gobierno federal informó que continúa la campaña nacional de vacunación contra el sarampión y que se han adquirido más de 27 millones de dosis, de las cuales poco más de 23 millones están disponibles para aplicación.
Suena a que es una cifra sólida, pero inevitablemente me pregunto si realmente es suficiente para garantizar cobertura total y evitar rezagos estructurales que históricamente han abierto la puerta a brotes.
En México solemos reaccionar cuando el problema ya está encima, y la salud pública no debería funcionar bajo esa lógica; después de haber vivido una pandemia, deberíamos tener claro que la prevención no es opcional ni secundaria. Desde mi experiencia trabajando en la industria farmacéutica veo cómo muchas veces el acceso real no depende solo de la compra, sino de la planeación, la distribución eficiente y, sobre todo, de que la población decida vacunarse.
La falta de expedientes clínicos digitales integrados. Muchísimas personas en México no saben si tienen esquema completo, no recuerdan cuándo fue su última dosis y no existe un sistema nacional interoperable que permita consultar fácilmente ese historial. Esa falta de información debilita cualquier modelo de prevención, porque sin datos claros es difícil cerrar brechas reales.
No basta con priorizar grupos vulnerables si el objetivo es cortar cadenas de transmisión; un modelo de vacunación verdaderamente sólido debe aspirar a cobertura comunitaria amplia, porque la inmunidad colectiva protege incluso a quienes no pueden vacunarse.
También creo que hace falta una cultura de corresponsabilidad: el gobierno tiene la obligación legal de garantizar el acceso, pero la ciudadanía tiene la responsabilidad de aprovecharlo. Si algo nos dejó la pandemia es la lección de que subestimar riesgos sanitarios tiene consecuencias económicas, sociales y humanas enormes. Además de la vacunación, deberían reforzarse campañas de educación sanitaria, seguimiento puntual de esquemas incompletos y estrategias focalizadas en zonas con movilidad alta o rezagos históricos. Más que celebrar el volumen de dosis adquiridas, deberíamos preguntarnos si estamos construyendo un sistema de prevención sostenido que evite el siguiente brote o si simplemente estamos administrando el riesgo mientras esperamos que el problema no escale.
Más que celebrar cifras, deberíamos preguntarnos si estamos construyendo un sistema preventivo robusto o simplemente administrando el riesgo hasta el siguiente brote.
Fuente:
https://x.com/El_Universal_Mx/status/2021946269028262125?s=20
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